El origen de la relación entre arte y ciencia es antiguo y por esta razón difícil e incluso imposible de determinar con precisión.
Es claro, para la mayoría de investigadores, que arte y ciencia estuvieron en principio íntimamente unidas ya que nisiquiera se tenía conciencia diáfana de su diferencia.
Solo fue hasta muchos siglos después de la aparición de la tribu y el chamán, que el arte y la ciencia se consideraron como identidades singulares.
Igualmente este momento de separación entre arte y ciencia es ambiguo desde el punto de vista determinista, pero hay algunos nombres y fechas claves que revelan una mayor fuerza intencional de alejamiento.
Básicamente, para la historia occidental, se trata del nacimiento de la modernidad que algunos ubican en el siglo xiii dc, fin del medio-evo, otros colocan tal apartado un poco más tarde en el siglo xviii con la primera revolución industrial y la aparición de la imprenta, y otros tantos defienden una fecha intermedia en el siglo xv y el asenso de la burguesía, etc.
Como sea, esta modernidad o período moderno fundamenta la necesidad de distinciones entre los diferentes campos de la experiencia humana.
Ahora bien, después de semejantes desmenuzamientos naturales al espíritu moderno, se ha arribado a la obligación de coser lo fragmentado, puesto que la atomización ha llegado hasta un punto en que la humanidad en su base ha visorado su propia destrucción.
La humanidad ha podido mirar con sus propios ojos el lado oscuro de su personal modo de ser y ha emergido la pregunta: ¿cómo mantener el equilibrio?
La relación entre arte y ciencia se torna apremiante no porque efectivamente exista alguna semejanza (aunque la halla) sino porque no hay otro modo de que la humanidad pueda seguir adelante. Es decir, la relación actual posible entre arte y ciencia pertenece más al campo de lo que debe ser porque tiene que ser o sino nada nuevo podrá volver a ser, que al de la verdad. En consecuencia la relación entre arte y ciencia compete más al territorio del arte que al de la ciencia debido a que tiene que ver más con la formalidad requerida para existir que con el ser en su esencia y materialidad.
Nótese la semejanza tan profunda que se sugiere del arte con lo cotidiano.
El arte se nos muestra en principio como mera formalidad, no obstante el arte por ser y para ser arte requiere de ser algo más y está cargado con la responsabilidad de ser más que "mera" formalidad (aunque su raíz es puntualmente lo cotidiano). El arte es la cotidianidad llevada a la ciencia.
En consecuencia el arte se ve empujado a exhibirse a sí mismo en el corazón de lo cotidiando, propiciando un primer acercamiento entre arte y ciencia, dado que lo cotidiano se convierte, después de la modernidad, en la medida humana de todas las cosas. Así se hace evidente el sitio que el arte ocupa no solo en su relación con la ciencia, sino además en su vínculo con el "todo" realizable para lo humano.
La ciencia requerida hoy es la ciencia de la cotidianidad y esta por excelencia es propiedad del arte.
No estamos aún a la altura de poder vislumbrar lo que en la práctica representa lo anteriormente dicho, lo cierto es que únicamente el arte conciente de lo anterior será el territorio donde ciencia y filosofía puedan denuevo ponerse en integralidad.